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Terminó la 62º reunión de la Comisión Ballenera Internacional, y las ballenas podrán recorrer los océanos a salvo un año más. Las más de 20.000 firmas en contra de la caza de ballenas, que se reunieron en la página cerocazadeballenas.cl, junto con las firmas de cientos de miles de personas alrededor del mundo, fueron la prueba de la voluntad que existe por defender a estos grandiosos animales.

 
Historia de la caza
Las Ballenas a lo largo de la historia Imprimir E-Mail
martes, 14 de julio de 2009
La Caza de Ballenas

La humanidad desde hace milenios ha tenido contactos con distintas especies de cetáceos (los más conocidos son ballenas y delfines). En cada cultura se pueden identificar las huellas de estos lazos en representaciones artísticas, leyendas, cuentos y en la cultura popular. Desde la ballena de Jonás, hasta Moby Dick, vemos como los “gigantes del mar” han despertado un temor místico en aquellos que han tenido la oportunidad de enfrentarlos.

Las características de estos contactos entres humanos y ballenas, también a través de muchos milenios, no fue más de mutuos avistamientos: los marineros en sus largos viajes a través de rutas comerciales frecuentes, si tenían suerte, lograban avistar grandes manadas, que con su chorro de agua característico, cortaban el horizonte. Sólo en las regiones cercanas al Ártico, territorio de los inuit (esquimales), en Escandinavia y en Polinesia (maoríes), existían antiguas tradiciones ligadas a la caza de ballena, pero se realizaban con elementos tan rudimentarios y en tan baja escala, que no llegaron a producir un impacto considerable en las poblaciones de ballenas de las zonas mencionadas.

Recién en el lapso que va desde el siglo XIII al XVI, se puede hablar de una caza realizada con propósitos eminentemente comerciales, comenzada por marineros vascos que operaron en el Mar Cantábrico y, en operaciones de más largo aliento, dispersándose por todo el Atlántico Norte.


Productos obtenidos de las ballenas
La caza de una ballena provocaba una gran rivalidad entre los diferentes puertos pesqueros, ya que los productos extraídos de la misma daban jugosas ganancias.

La principal fuente de ganancia estaba en la grasa del animal, que luego de convertida en aceite, se utilizaba en el alumbrado y ardía sin desprender humo ni dar olor, y las barbas, que constituían uno de los escasos materiales flexibles de la época.

La carne apenas se consumía en España, pero se salaba y se vendía a los franceses. Los huesos servían como material de construcción, adorno y para la elaboración de muebles. El escaso uso de los productos perecederos (carne de la ballena) se debe a que la venta en el interior de España era muy dificultosa, ya que hasta 1750 no hubo caminos carreteros que comunicasen la costa con la meseta. Aparte de que cuando se construyeron, el transporte se hacía a lomos de mulas o carros, cogiendo nieve por el camino en invierno. Por lo que era muy poco práctica su venta.

El comercio y la elaboración de productos, dio un gran impulso a la economía vasca; sobre todo a aquellos pueblos que se encontraban en las rutas de comercialización de esta materia.


Caza de Ballenas en Chile

En Chile, en la época prehispánica, los distintos pueblos que se extendieron por el territorio, también obtuvieron diversos productos de las distintas especies de cetáceos que pasaban en grandes cantidades frente a nuestras costas.

En tiempos antiguos, fueron los pueblos de los archipiélagos australes los que establecieron relaciones más estrechas con las ballenas. Los yaganes pasaban la mitad de su vida en sus canoas. El hombre capturaba focas y la mujer remaba. En verano, permanecían pocos días en un lugar pero en invierno, estaban más tiempo asentados. Las mujeres pescaban en canoa en las aguas cercanas o buceaban, mientras los hombres perseguían ballenas moribundas. Encontrar una ballena varada en la costa, era el inicio de una gran comida con amigos. Con señales de fuego y humo los convocaban. La fiesta podía durar semanas, según el tamaño del cetáceo y el número de familias que acudían al banquete.

Otros pueblos que habitaron en las costas de Chile (changos, lafquenches, chonos, kaweskar), también se relacionaron con los cetáceos de forma similar: cazaban aquellas ballenas que tenían dificultades para desplazarse –ballenas moribundas o heridas- o simplemente, aprovechaban de aquellas que varadas en la playa. La caza siempre estuvo relacionada con las necesidades de la población, y no llegó a producir un excedente para ser comercializado.

Podemos decir entonces, que la caza de la ballena entre los pueblos prehispánicos de Chile nunca se efectúo a gran escala, como si llegó a suceder las regiones del hemisferio norte mencionadas anteriormente.


Las ballenas en el período colonial
Cronistas y viajeros de este período, son los primeros que registran la gran abundancia de ballenas frente a las costas chilenas.

El renombrado marino inglés James Cook, en un viaje efectuado en 1769, habló del “gran número y prodigioso grosor” de las ballenas que se podían encontrar entre la isla de Tierra del Fuego y la Isla de los Estados”

El gran navegante francés, La Pérouse, que arribó a la bahía de Concepción en el verano de 1793, comentaba: “Estuvimos toda la noche rodeados de ballenas, nadaban tan cerca de nuestras fragatas, que resoplando arrojaban a bordo su chorro de agua”.

A pesar de su abundancia, las ballenas comenzaron a ser cazadas recién a fines del período colonial. Allí se inicia un intenso ciclo, animado por balleneros ingleses, franceses y norteamericanos, que llevaría a varias especies de cetáceos al borde de la extinción. Estas operaciones fueron tan masivas, que en un solo año, 1834, se contabilizaron más de cien buques. Talcahuano llegó a transformarse en el más importante puerto ballenero del Pacífico Sur.

 
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